Tu central fotovoltaica, tú mismo
Página: 1/10
(3804 palabras totales en este texto)
(9399 lecturas)

Para empezar
Si te decides a producir electricidad con sistemas fotovoltaicos, no olvides que inicias una carrera política. No la de representantes y representados, sino la de la acción. Generar energía, quieras o no, supone introducirse de lleno en el cómo de la organización de unas sociedades tecnificadas, uno de cuyos máximos resortes es la electricidad. Ten esto presente cuando tengas que sortear las trabas administrativas, la oposición y altanería de las compañías eléctricas, las dificultades técnicas o tratar con la presencia continuada del fisco. No te desanimes, y recuerda que tu principal fuerza es precisamente la que quiere derribar la concentración energética, universalizar el uso de sistemas de generación más racionales y respetuosos con el entorno, o prescindir de la guerra para encender la radio, por ejemplo. Ahora eres un político de verdad, y tu aval es tu acción.
Con esto claro, pasamos a ver qué elementos técnicos necesitamos para convertirte en político eléctrico. Pese a la alta sofisticación de los sistemas fotovoltaicos, apenas precisamos de unas pocas piezas para ponerlos a funcionar. Básicamente: paneles solares e inversores, y baterías de acumulación en el caso de los sistemas aislados.
El panel, y sus componentes, las células, es la pieza que hace realidad la transformación de la luz solar en electricidad. Es caro: su precio en el año 2005 supone aproximadamente el 50% del coste total del sistema. Los inversores transforman la electricidad continua generada por los paneles en alterna, la que usa todo el sistema eléctrico. Este elemento es además el que se utiliza para medir la electricidad que producimos cuando la inyectamos a la red. Y las baterías, sólo necesarias en sistemas aislados, quizás la pieza más endeble.
Bien, ahí están nuestras principales piezas de este puzzle energético. ¿Qué hacemos con ellas? Apenas importa el espacio del que dispongamos para colocar nuestro sistema; ya sea sobre terreno abierto, las paredes o el tejado de nuestras casas, los paneles solares (las piezas que más ocupan) se acoplan bien a nuestra disponibilidad de espacio gracias a que se hilvanan en módulos. Esto no va suponer mayor problema. Pero, ¿cómo las ensamblamos?
El principio de simplicidad presente en nuestro sistema fotovoltaico empieza a quebrarse a partir de ahora. No por condicionantes internos propios del sistema, sino por la intromisión del controlador, en este caso el técnico homologado. Si no cuentas con certificaciones administrativas que te habiliten para andar jugueteando con la generación de electricidad, puedes omitir este paso (de hecho, por ahora, nos vamos a olvidar de él). Básicamente, se trata de situar nuestros paneles en la dirección y la inclinación adecuada, unirlos en serie o paralelo mediante cables eléctricos, canalizar la electricidad obtenida hacia el inversor y unir éste con el tendido eléctrico con un contador de watios de por medio. En el caso de los sistemas aislados, redirigimos nuestra electricidad hacia las baterías.