Primeras memorias de un empresario fotovoltaico
Introducción
Llegar a ser 'empresario fotovoltaico', es decir, llegar a vender al Sistema Eléctrico Español (SEE) la electricidad generada por sistemas fotovoltaicos de mi propiedad, era un anhelo personal, conscientemente alimentado desde hacía muchos años. Tanto es así que cuando en 1994 me embarqué en la reparación de la vieja terraza de mi vivienda, ubicada en el centro de Madrid, hice una auténtica profesión de fe en que tal venta llegaría a ser posible algún día, y decidí incluir y pagar (que, en estas cosas, la fe gratuita no tiene mérito) una estructura metálica específicamente pensada para sostener un generador fotovoltaico, y un amplio conducto para llevar cables desde la terraza hasta el cuadro eléctrico de mi vivienda. Así que, después de seis años durante los cuales la estructura sirvió sólo para soportar un toldo de tela y el conducto no sirvió para nada, tan pronto como el RD 2818/1998 sentó los mecanismos para que en España fuese posible vender kilovatios-hora fotovoltaicos a la red eléctrica, me puse manos a la obra. Diseñé, pedí subvenciones, compré, etcétera y, finalmente, el 20 de noviembre de 2002 se firmó el contrato de compraventa de energía que produce el flamante generador fotovoltaico de 2,7 KW que había sustituido al toldo de mi terraza.
Mis andanzas fotovoltaicas no terminaron ahí. Hoy también soy dueño (¡Qué bien suena esto de ser dueño!) de un sistema de 6,25 KW en la primera huerta solar de Árguedas (Navarra) y, si las cosas no se tuercen, en breve seré propietario de un sistema más ubicado en otro lugar. Pero, además de tres sistemas, también tengo tres disgustos en relación con la actual situación fotovoltaica española. El primero, porque resulta más excluyente que participativa; el segundo, porque fomenta la difusión de algunas soluciones técnicas propias de la mala ingeniería; y, el tercero, porque limita excesivamente las posibilidades de aprendizaje.
"O sea, que tienes tres disgustos, pero repicas. ¡Tú eres 'masoca', Eduardiño!", me dijo un amigo del pueblo, una vez que le conté todo esto. Pero le respondí, muy afirmado en mi razón, que 'masoca' no soy, y que una cosa es que esté disgustado con la cosa general y, otra, que en lo que a mi particular respecta los asuntos fotovoltaicos no estén yendo francamente bien.
Me metí en esto con dos objetivos (los objetivos no son lo mismo que las expectativas; para entendernos, los objetivos son como la táctica mientras que las expectativas son como la estrategia, y todo el mundo sabe que se pueden ganar batallas y perder la guerra): el uno, estar directamente en el ajo para que cuando llegara la ocasión de tener que hablar sobre esto de la conexión fotovoltaica a la red, que por razón de mi profesión debía llegar un día u otro, no tuviera que hablar sólo de oídas, que suele ser fuente de malos entendidos; y el otro objetivo era no perder tanto dinero como para que mis alcances económicos se vieran sensiblemente disminuidos, que una cosa es querer estar en el ajo y otra muy distinta despreocuparse del precio. Pues bien, al día de hoy no solamente estoy de lleno en el ajo, como demuestra el volumen que va adquiriendo el archivador donde se guardan los papeles relevantes al respecto de mis queridos sistemas fotovoltaicos, sino que además estoy incluso ganando dinero. Y quiero insistir en esto, no tanto para dar envidia a los que no son empresarios fotovoltaicos, sino para afirmar que el escenario económico actual, creado por el Real Decreto 436/2004 que sustituyó al RD 2818/1999, es efectivamente ventajoso económicamente. Los problemas(que habrán, supongo, servido de semilla para mis disgusto) son de otra índole.
Intentaré contar mis memorias como empresario fotovoltaico en tres artículos sucesivos, y en cada uno de ellos describir, por orden cronológico, los pormenores de cada sistema, aprovechando la ocasión para explicar las razones de un disgusto y plantear alguna posible alternativa. Debo apresurarme a clarificar que la coincidencia del número de sistemas con el de disgustos es una mera casualidad. Ni mi ritmo en esto está siendo a razón de un disgusto por sistema, ni pierdo la esperanza de que el futuro asista al crecimiento de mis sistemas a la disipación de mis disgustos. De hecho, el escribir estas memorias responde al intento de participar en que ello pueda ser así, y no sólo para mí.
Añadido: Martes, 04 Abril, 2006
Escrito por: Eduardo LorenzoPuntuación: 



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