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Investigadores vascos prueban con plásticos orgánicos las posibilidades de la fotovoltaica para la construcción y la vida doméstica. Un grupo de investigadores de Ikerlan-IK4, una fundación privada ligada a la gran cooperativa vasca Mondragón, ha alcanzado en pruebas de laboratorio eficiencias de conversión lumínica superiores al 4%. Se trata de un ensayo para la introducción masiva de la fotovoltaica en la vida cotidiana.
Las posibilidades de los polímeros se definen por su capacidad de producción, en principio ilimitada, y por su fácil adaptación a todo tipo de materiales, como los empleados en la construcción, el vidrio o los tejidos.
El principal obstáculo para el desarrollo de esta tecnología sigue siendo el de la eficiencia y la durabilidad. Resolver el problema del rendimiento fotovoltaico acucia en laboratorios de los países avanzados, como el que anuncia ahora el grupo vasco. No obstante, ese rendimiento está aún muy lejos de las conversiones de otras tecnologías fotovoltaicas, como la del silicio monocristalino con rendimientos comerciales de hasta el 20%, aproximadamente, o las de células de concentración con muy altos niveles de eficiencia.
La otra cuestión que debe resolver la tecnología de los polímeros es la fuerte degradación a la que están sometidos este tipo de materiales, también muy alejadas de la fiabilidad y durabilidad que presentan las tecnologías del silicio.
Ikerlan-IK4, que asegura que lleva dos años investigando en el campo fotovoltaico y que es el primero en producir en un laboratorio ibérico un material de estas características, ha diseñado un módulo semitransparente de 30x30 milímetros provisto de 16 celulas interconectadas sobre un sustrato de cristal.
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