El profesor Valeriano Ruiz esboza las circunstancias y plantea soluciones al llamado 'problema energético', que recoge de modo exhaustivo en su reciente libro, 'El reto energético'.
El problema
Las circunstancias más importantes que dan lugar al llamado “problema energético” son las siguientes:
La contaminación que originan algunas de las fuentes energéticas. En particular, los combustibles fósiles, la nuclear y las grandes instalaciones hidroeléctricas. No todas con la misma intensidad ni cuantitativa ni cualitativamente. Sin duda, los residuos radiactivos que se originan con el uso de las centrales nucleares son un efecto sobre el que todavía no se ha tomado suficiente conciencia, aunque algunos accidentes nos han puesto sobre aviso de las posibles consecuencias. El efecto que podemos contemplar a más corto plazo son las emisiones de gases de efecto invernadero procedente de la combustión de las fuentes energéticas de origen fósil, empezando por el carbón y el petróleo en cuanto a cantidad y calidad –en términos negativos- de las emisiones y también el gas natural que no es inocuo desde este punto de vista. Por último, no debemos olvidar las grandes centrales hidroeléctricas con un gran impacto por la superficie de tierra que cubren las aguas y el efecto que causan sobre la biodiversidad del territorio correspondiente.
La agotabilidad de algunas de las fuentes convencionales. En particular el petróleo está ya en un punto de agotamiento que hará muy conflictiva su utilización en un plazo relativamente corto. El gas natural y el uranio tampoco son tan abundantes que podamos pensar en el largo plazo. El carbón, sin embargo si es lo suficientemente abundante para no poder olvidar que será necesario recurrir a él a un plazo medio, con las necesarias modificaciones tecnológicas para hacer su uso más eficiente y menos contaminante.
El tamaño relativo del planeta Tierra y el número de consumidores. Íntimamente relacionado con las dos circunstancias anteriores está el hecho de que los más de seis mil millones de seres humanos que consumimos energía suponen una cantidad tal de sustancias contaminantes que se añaden a nuestro entorno y otra cantidad similar de materias primas energéticas que se extraen, que no se puede considerar inocua la interacción entre el sistema energético y nuestro entorno. La situación actual de crecimiento del consumo por parte de algunos países (China, India, América Central y del Sur) con muchos habitantes está acentuando los efectos anteriormente referidos. A este efecto cuantitativo hay que añadir que algunos de esos países –China en particular- consume sobre todo carbón propio para generación eléctrica y está aumentando muy rápidamente el número de automóviles convencionales con la presión que eso significa sobre el reparto y los precios del petróleo.
A estas tres circunstancias, entrelazadas en sus orígenes y en sus efectos hay que añadir otras también importantes como son el bajo nivel de eficiencia del conjunto del sistema, producto a su vez de la baja eficiencia de muchos de los procesos implicados y con efectos negativos suma de los correspondientes a los diferentes sectores de consumo.
La irregular distribución de los consumos, en cantidad, calidad y situación geográfica que da lugar a unos niveles de insolidaridad e injusticia entre los habitantes del planeta es otro de los problemas de mayor profundidad que presenta el sistema energético actual. Esta circunstancia no es solo fruto del desigual reparto geográfico de las fuentes energéticas convencionales, aunque está en su origen.
La especulación, el egoismo, la rapiña y la falta de generosidad de algunos gobiernos y empresas manejando a su antojo con el empleo de la fuerza militar en muchos casos para asegurarse los recursos sin tener en cuenta a los demás habitantes de la Tierra, es una causa de conflictos que también se debe tener en cuenta.
La solución, 'El Reto energético'
Evidentemente no existe “la solución”. Solo se puede plantear un proceso, que será largo, para que no sigan aumentando o incluso ir disminuyendo paulatinamente, los efectos negativos que ya se pueden apreciar y medir.
La primera medida es, sin duda, consumir más eficientemente, tanto sectorialmente como en los diferentes procesos que conforman el sistema. También, hacerlo de manera más comedida; es decir, consumir lo imprescindible para satisfacer nuestras necesidades. El desarrollo de tecnologías energéticas más eficientes y menos contaminantes debe continuar.
El cambio de modelo es fundamental. Hay que implementar otro modelo más distribuido y descentralizado que, al principio, debe hacerse compatible con el actual para ir, poco a poco, haciéndose exclusivo prescindiendo de las grandes infraestructuras energéticas. Esto último es difícil porque han costado mucho dinero pero parece imprescindible. Mientras más tiempo pase será peor. Los consumidores o asociaciones de ellos deben ir haciéndose responsables de su propio sistema, incluidos los efectos sobre el entorno.
Las fuentes energéticas contaminantes y agotables deben ir siendo sustituidas por fuentes más abundantes y que causen el menor impacto medioambiental posible. En este proceso no se puede plantear un cambio radical y absoluto no solo por razones de aceptación de muchos agentes del sistema sino por mera imposibilidad tecnológica. El proceso ha empezado ya en algunas zonas del mundo aunque de manera insuficiente y tímida pero pienso que es imparable y contagiosa. En concreto, la primera fuente energética que es necesario minimizar su uso es el petróleo, seguido del cambio en las formas de emplear el carbón y la nuclear que puede y debe ser sustituida por completo sin problemas ya que su contribución al sistema de solo un 6 % en el total mundial puede ser sustituida sin dificultades por hidroeléctrica –de pequeño tamaño-, la eólica y la solar térmica de alta temperatura y fotovoltaica.
No es ninguna panacea porque no puede serlo y tampoco es claro que se vaya a seguir un planteamiento como el que se hace pero entiendo que si no al 100 % lo que se propone, algo habrá que hacer, voluntariamente y cuanto antes o la alternativa es algún desastre natural lo suficientemente grave para que los seres humanos se tengan que ocupar del asunto a la fuerza cuando la inercia haga más difícil –si no imposible- la solución.
Nota: Valeriano Ruiz es profesor en el Departamento de Ingeniería Energética y Mecánica de Fluidos de la Universidad de Sevilla (España). Acaba de publicar 'El reto energético' (Almuzara).
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